"Entonces... ¿la única solución es que los
sanos sigamos pagando las medicinas de los enfermos?"
(Anónimo)
"Entonces... ¿la única solución es que los
sanos sigamos pagando las medicinas de los enfermos?"
(Anónimo)

Este pequeñín tan sonriente es el príncipe ‘Hisahito’, tercero en la línea de sucesión al trono imperial de Japón. No sé muy bien como se pronuncia su nombre pero, viendo la foto, la verdad es que apetece mucho llamarlo ‘Jisajito’. De hecho sus padres, el príncipe Akishino y la princesa Kilo, le llaman ‘Yuyu’, ‘Yu-chan’ y ‘Hisahito-kun’ que, al parecer, son apelativos cariñosos. Hoy a cumplido tres años y los príncipes nipones dicen que es un niño sano, que juega y se divierte como todos los niños de su edad (bueno, seguro que algún caprichín más que el resto de los niños se puede permitir). La verdad, es que parece simpático. Esperemos que esa sonrisa no se borre nunca de su cara aunque, a juzgar por el futuro que le espera, mucho me temo que pronto dejará de ser un niño “como todos los demás”. En fin, las ventajas e inconvenientes de nacer en el seno de una familia real…

Ellos nunca me lo han dicho por educación, pero creo que, a mis recién cumplidos 28 años, mis padres me han dado por perdida.
Si todo hubiera salido según lo que ellos habían planeado, hoy sería abogada o médica; guapa, alta e inteligente; tocaría algún instrumento musical; estaría casada con un hombre que, además de atractivo, sería la envidia de mis amigas por su éxito profesional. Los dos viviríamos en alguna gran ciudad del extranjero y yo, esperando mi primer hijo, también gozarían de un gran reconocimiento profesional y, por supuesto, sería una gran ama de casa.
Mmmm… mis padres no han acertado en nada, pero la verdad es que el cuento no tiene mala pinta.
La única pega que le pongo a esta historia con final feliz es a eso de ser ‘ama de casa’. Con todos mis respetos a los/as que dedican sus días a hacer de su hogar un lugar ideal, no, a mí la casa no me llama y nunca se me caerá encima…
Pero, como una es alérgica al polvo (a partir de esta confesión, si alguien quiere hacer algún chiste, que por lo menos sea original), pues tengo que vivir dentro de unos estándares mínimos de orden y limpieza. Por eso, sigo mi propio manual para amos/as de casa vagos/as.
1- Todo lo que se puede colgar se cuelga. Esto incluye algunas camisetas y los pantalones de algodón si es posible. Si pudiese, colgaría hasta los calcetines.
2- Las ropa que deba ir doblada, se distribuirá en muchos montoncitos pequeños para evitar que alguna prenda se pierda entre la multitud.
3- Todos los que pueda ir en cajones o estanterías cerradas, está mejor, así no se desparrama.
4- Nunca comprar ropa que requiera ser planchada.
5- La ropa interior… pufff. Veamos… es mejor no darle mucho espacio porque se desmadra, especialmente los tangas. En el caso de estos últimos, no merece la pena ni doblarlos, siempre irán a su bola.
6- Si las estanterías no tienen puertas, hay que llenarlas hasta el último centímetro cuadrado. A menor superficie libre, menor espacio que limpiar.
7- No se permiten estanterías que sólo sirven para colocar adornos.
8- Prohibidas las alfombras.
9- Por el contrario, las cortinas son muy importantes para que no se vea la porquería de los cristales desde el interior de la casa.
10- Se puede prescindir de las lámparas.
11- Prohibidos los muebles y los adornos que no tienen ninguna utilidad (el rollo hippie mola pero obliga a limpiar mucho).
12- Las fotos: están mejor colgadas de la pared que en portafotos sobre alguna mesa o estantería.
13- El lavavajillas y el microondas son imprescindibles.
14- ¿Quién ha dicho que la pasta se debe meter en el agua cuando esta está hirviendo?
15- El café recién hecho está muy bueno… pero aceptamos el de la noche anterior si de lo que se trata es de evitar un desastre por la mañana cuando intentas hacer el desayuno medio dormido/a.
16- La comida preparada y congelada es esencial.
17- Se puede hacer un bizcocho, cociéndolo durante 7 minutos en el microondas. Yo tengo la receta.
18- Y, muy, muy, muy importante… se puede llevar una alimentación equilibrada a base de bocadillos y ensaladas.
Si alguien tiene más consejos útiles, agradecería que me los dijeseis.

Eso sí, ya quisiera yo estar así de delgada!! 
No seré yo la que dé normas de civismo a la gente. De hecho, sospecho que para ser incívico hay que ser un poco malo, lo cual conlleva cierta dosis de inteligencia y, la verdad, nunca he sido la primera de mi clase. Tampoco voy a alardear aquí de bondad, aunque sí de tener el sentido común necesario para vivir en sociedad evitando, en la medida de lo posible, dañar a los que no me han hecho nada.
Alguien me dijo una vez que en esta vida hay dos formas de hacer las cosas, bien o mal. La primera es, a largo plazo, la forma más efectiva de hacerlas pero son muchos los que optan por el camino más corto pensando únicamente en su propio beneficio. La teoría de esta persona me vino hoy a la cabeza tras la impertinencia de muchas personas de cuyos errores quiero llevarme una lección.
Transcurridos varios meses desde que finalizasen las obras de remodelación en
Lección 1: Sonríe a la gente, no todo el mundo es tan cascarrabias como tú.
Subo al primer piso y me alegra comprobar que había una exposición de fotos antiguas que tenía ganas de ver. Tras echar un vistazo vuelvo a bajar las escaleras y me encuentro a un vecino, que, pese a sus 85 años y lo poco que me dejo caer por el pueblo, aún se acuerda de mí: “¡Uy nena! ¿me viste en la foto de
Lección 2: ¡Pide las cosas hombre! Igual no es necesario cometer un delito para obtenerlas.
Por la tarde, después de pasarme una hora panza arriba en la playa, mi vejiga no aguantaba más. Suerte que la playa tiene baños en los que alguien se ha anticipado a las raras costumbres de los usuarios. Justo a la entrada hay un cartel que dice ‘POR FAVOR, RESPETEN LOS ASEOS, CADA NECESIDAD EN SU SITIO’. A juzgar por el suelo del local, creo que muchos no saben leer.
Lección 3: ¿Son necesarios determinados carteles? Sentido común, please…